La falta de resultados sobre el origen de la E. coli desata las críticas en Alemania

Indicios de que la infección empieza a remitir

Por Rafael Poch, Berlín

Por fin buenas noticias del brote infeccioso de bacteria E.coli registrado en el norte de Alemania, que afecta a más de 2.300 personas (640 graves) y ha matado a 23.

Parece que la enfermedad está remitiendo. El número de personas que enferma diariamente está disminuyendo. A las 12 del mediodía, los datos sugieren un ligero retroceso de los casos, tanto generales (EHEC) como del grave síndrome hemolítico urémico, informa el Robert Koch Institut, autoridad científica central competente en la materia, en su último comunicado.

Con el primer síndrome grave declarado el uno de mayo, el mayor número de casos de este tipo se registró el 21 de mayo. El récord de casos de EHEC se registró el 23 de mayo, con 123 casos. "Aun no se puede determinar si este retroceso continuará", señala el comunicado del instituto, poco amigo de echar las campanas al vuelo antes de tiempo.

Lamentablemente, las pruebas analíticas sobre el origen del brote infeccioso siguen sin encontrar nada en la empresa de Baja Sajonia fabricante de brotes germinados, que el domingo fue señalada como sospechosa.

Que no se encuentre nada no quiere decir que no sea una pista mucho más razonable y plausible, que la ruinosa chapuza del pepino español.

Una de las hipótesis es que la producción contaminada con la bacteria en cuestión haya sido ya enteramente consumida, por lo que su rastro ha desaparecido.

Tres de cada cuatro infecciones de este tipo concluyen sin resolverse, por lo que el presente brote podría ser un típico caso más no resuelto.

Aunque el ritmo de la infección está remitiendo y eso sea una excelente noticia que apunta hacia la extinción del problema, es la incertidumbre sobre el origen lo que triunfa mediáticamente.

El no saber, no sólo incrementa la inseguridad del público, sino que excita las críticas a la gestión de esta crisis. Se abre paso una embarazosa imagen de país mal preparado para la emergencia.

Se necesitaron 18 días para que el Instituto Robert Koch (RKI) de Berlín se enterara del primer enfermo detectado. "Cuando hay diarreas sanguinolentas de por medio, hay que crear rápido un equipo que investigue", dice Klaus Weidmann, que en los años noventa publicó un libro crítico con el trato a las epidemias en Alemana.

Weidmann ve en el actual caso "provincialismo" y "burocratismo federalista" entre los 16 estados del país, pero la ministra de agricultura, Ilse Aigner, lo niega: "no hay ninguna competencia diletante, todos trabajamos juntos", dice.

Reinhard Burger, presidente del RKI, se ha referido al federalismo como una "vaca sagrada" en este contexto.

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