Un paciente de EE.UU. logra levantarse y andar tras una grave lesión medular

Dieciséis electrodos implantados en la región lumbar estimulan las neuronas | La médula puede controlar las piernas de manera autónoma, sin órdenes del cerebro | Se ha iniciado un ensayo clínico para probar el tratamiento en más pacientes

Por Josep Corbella, Barcelona

Médicos de Estados Unidos han conseguido que por primera vez una persona con una lesión medular grave sea capaz de levantarse voluntariamente y mantenerse en pie durante cuatro minutos. El paciente, Rob Summers, que ahora tiene 25 años, incluso es capaz de caminar sobre una cinta con ayuda. Más sorprendente para los médicos es que Summers puede mover a voluntad las articulaciones del pie, las rodillas y la cadera. Y, una mejora sustancial para su calidad de vida, ha recuperado en parte el control de la vejiga y la función sexual.

Esta recuperación excepcional, que se presenta hoy en la edición electrónica de la revista médica The Lancet, ha sido posible gracias a la implantación de un dispositivo con 16 electrodos en la región lumbar de la columna vertebral de Summers. El dispositivo transmite a las neuronas de la médula estímulos eléctricos similares a los que vienen del cerebro en personas sin lesión medular. Casi tan importante como los electrodos es que Summers ha seguido un intenso programa de entrenamiento para reeducar sus neuronas y recuperar el control de sus piernas.

Summers quedó parapléjico al ser atropellado en Oregón en el verano del 2006. Había salido a buscar a medianoche la bolsa de deporte que había dejado en su coche cuando otro vehículo apareció a toda velocidad, se subió a la acera y le arrolló. Summers quedó tendido en el suelo con una lesión medular a la altura de los omóplatos. El conductor nunca fue identificado.

En diciembre del 2009, tres años y medio después del accidente, fue intervenido para implantarle los electrodos en la región lumbar. Antes había pasado más de dos años realizando ejercicios preparatorios, diseñados para producir los movimientos musculares necesarios para levantarse y andar.

Pocas semanas después de la intervención, aquellos dos años largos de esfuerzo tuvieron su recompensa. Summers consiguió levantarse y mantenerse de pie. Eso demostraba que las neuronas de la médula espinal son capaces de controlar el movimiento de las piernas de manera autónoma, sin necesidad de recibir órdenes del cerebro, si reciben los estímulos sensoriales adecuados de los pies y las piernas. “La médula es inteligente”, explica en un comunicado Reggie Edgerton, neurobiólogo de la Universidad de California en Los Ángeles y director de la investigación.

Pero la recompensa mayor llegó unos meses más tarde, cuando Summers recuperó la capacidad de mover voluntariamente las articulaciones de los dedos de los pies, los tobillos, las rodillas y la cadera. Eso significaba que las fibras nerviosas que no habían sido seccionadas en el accidente, pese a haber estado inactivas durante más de tres años, se habían reciclado tras la intervención y habían recuperado en parte el control muscular de las piernas. Ya no eran sólo las neuronas de la médula las que permitían a Summers levantarse; eran las del cerebro las que le permitían mover las articulaciones a su antojo.

No hay ningún precedente en el mundo en que un paciente parapléjico haya recuperado tanta funcionalidad en las piernas. Falta estudiar ahora si los implantes de electrodos ensayados en Summers, que estaba en buena forma física y conservaba cierta sensación en las piernas, son igual de eficaces en otros pacientes. El equipo de Edgerton ha iniciado un ensayo clínico que ya cuenta con cinco voluntarios.

En el futuro, los investigadores esperan mejorar el tratamiento utilizando dispositivos de electrodos especialmente diseñados para la recuperación de lesiones medulares, ya que el que han implantado en Summers estaba diseñado para el tratamiento del dolor. Y confían en que suplementar el implante de electrodos con algunos fármacos ayudará a mejorar los resultados, como se ha visto que ocurre en experimentos con animales. “Aunque los resultados son esperanzadores, tenemos que ser cautos –advierte Edgerton–. Queda mucho por hacer”.

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