Salma Hayek: “Mientras tengas a tu familia cerca, tu país siempre está cerca”

La actriz concedió una entrevista exclusiva junto a su madre, Diana, para la edición de mayo de HOLA USA

Cuando la gente se pregunta quién es la actriz más internacional de México en estos días, la respuesta es una sola: Salma Hayek. Por estos días, la popular artista se toama las pantallas de cine de todo el país con la exitosa comedia How to Be a Latin Lover, en la que comparte pantalla por primera vez con su amigo Eugenio Derbez, y se dispone a estrenar otra gran cinta de Hollywood, Beatriz at Dinner, pero hay un lado suyo que muy pocos conocen: la Salma íntima—madre, hija, cocinera de tradiciones mexicanas, dueña de casa, o incluso la niña que fuera y que decidió ser actriz luego de ver Willy Wonka and The Chocolate Factory. Esa es quien se abrió la edición de mayo de HOLA! USA en una entrevista exclusiva que concedió junto a su madre Diana.

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“Yo siempre supe que Salmita iba a ser algo grande en su vida”, asegura Diana, orgullosa de la impresionante carrera internacional de su hija, nacida en 1966 en Coatzacoalcos. “Por su carácter, por su forma de siempre luchar por lo que quería, pero me sigue sorprendiendo cada vez más. Porque Salma no tiene fin”.

Pero la carrera de esa actriz que parece no tener fin no estuvo exenta de dificultades. Para comenzar, tuvo que superar dislexia y un intenso pánico escénico.

“Nadie se imaginaría”, confesó la actriz, “pero me pongo muy muy mal. Inclusive ahorita que estuvimos en Vegas, hasta para recibir un premio me pongo muy mal. Me pongo tan nerviosa cuando me fueron a dar el premio, que se me olvida todo”. Su temor a los escenarios es tal, que —según reconoce— al estar promocionando recientemente una de sus próximas películas,

The Hitman’s Bodyguard (en cines a partir del 18 de agosto), le avisaron que al día siguiente tendría que promover su cinta con Eugenio Derbez haciendo un sketch en tarima.

“¡No dormí nada!”, asegura Salma. “Me dio un ataque de esos, llamé a Eugenio y le decía: ‘¡No me subo, no me subo! Yo no puedo leer con teleprompter porque soy disléxica y necesito lentes y me pongo más nerviosa, tiene que ser improvisado…’. Y el pobre Eugenio, de sicólogo mientras me arreglaba en mi cuarto: ‘Sí puedes, tú puedes. Lo hacemos todo el tiempo…’ Y yo: ‘Claro, pero no me dijeron que habría público’. A mí me quitas la cámara y me pones al público y ¡me muero! Una vez que salgo al escenario, no me lo notas. Pero después, ya no puedo hacer nada el resto del día, quedo agotada”.

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Salma vive actualmente entre París y Londres junto a su marido, François-Henri Pinault, y su hija de 9 años Valentina. Sin embargo, a pesar de residir al otro lado del mundo, nunca olvida su patria.

“Siempre me dicen, ‘¿Que no extrañas México?’. Lo extraño muuucho”, dice Salma. “Pero el México que yo extraño ya no existe. Y no es nomás por México y su situación actual. Es algo que siempre sucede si tú piensas regresar a tu casa de la niñez, aún cuando tus papás viven en la misma casa, y encontrarla tal cual. Ya no es lo mismo, porque las cosas se transforman. Pero [México] siempre ha estado cerca de mí, porque mientras tengas a tu familia cerca, tu país siempre está cerca”.

“Cuando me fui a vivir a París, no me lo vas a creer, pero una amiga mía de Coatzalcoalcos de la infancia, estaba viviendo allí, casada con un mexicano y con hijos de la misma edad que Valentina”, continúa Salma sobre su relación con México y su cultura. “El marido acabó siendo embajador de México en Francia. Entonces, Valentina creció en París, pero todos los años hacíamos nuestra celebración del Día de los Muertos. ¡Yo aprendí a hacer pan de muerto en París! A mí me ha influido mucho estar siempre tan cerca de mi familia. Es lo que te da seguridad. Te da raíces”.

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