Ismael Cala

No todo ha sido miel sobre hojuelas en la vida de Ismael Cala. Lo vemos triunfar hoy dando conferencias, conduciendo el programa más importante de CNN En Español y escribiendo varios libros. Pero como a todo humano, la vida lo ha llenado de aprendizajes, y en su más reciente libro, El secreto del bambú, el cubano de 45 años comparte la filosofía con la cual ha navegado últimamente con gran éxito.

No es secreto que el bambú es una planta mística. Para algunos significa prosperidad y éxito. Para otros, dinero y riquezas. Pero en la filosofía oriental, y que es la que Cala desarrolla en su más reciente escrito, el bambú en realidad es una analogía de cómo podemos sobrevivir estos tiempos de cambio constante, de crisis económicas y de desconexión social.

Los bambúes son plantas flexibles, pero fuertes. Puede haber un huracán y los bambúes van y vienen con el viento pero no se caen, a diferencia del roble, que puede caer causando estragos a los demás y que nunca más se levantará. ¡Hola! USA platicó con Ismael Cala sobre su libro y cómo aplica a su vida tan bella y útil comparación con el bambú.

Ismael Cala Ismael Cala cuenta que cuando un chico de 14 años le dijo que le había cambiado la vida, ahí sintió que había logrado lo que todo escritor desea: un cambio. Foto: Hispanic Bridge

HOLA: ¿En qué momento de tu vida aprendiste a ser flexible como el bambú?

ISMAEL CALA: Aún sigo aprendiendo. Esto tiene que ver con la paciencia, que es una cualidad difícil de cultivar, porque todos queremos que las cosas ocurran ya, de inmediato, sobre todo en estos tiempos en que vivimos. Mi socio y CEO de Cala Enterprises, Bruno Torres, siempre me pedía que fuera "más flexible, como el bambú", hasta que un día entendí bien el mensaje. Pero, en mi opinión, lo más poderoso del mensaje del bambú es el equilibrio entre flexibilidad y fortaleza.

Como lo describes en tu libro, la humanidad llena su interior con cosas banales y no deja espacio para la espiritualidad. ¿A qué crees que se deba esto?

CALA: A la materialización de todo, a nuestro alrededor; al desarrollo tecnológico que solo apuesta por las cosas materiales…. Yo no me opongo al progreso, ni mucho menos. Por ejemplo, disfruto mucho de las nuevas tecnologías, pero todo eso debería ir acompañado de una gran inteligencia emocional, para conseguir plenitud de vida y equilibrio, para dar valor auténtico a todo lo que tenemos.

Cuando escuchamos hablar de espiritualidad automáticamente pensamos en religión, ¿Tiene que ver lo uno con lo otro?

CALA: Hay espiritualidad en las religiones, pero también fuera de ellas. La espiritualidad es, digamos, transversal, porque puede cultivarla incluso alguien que sea agnóstico o ateo. Es un problema de valores, de colocar al ser humanos en el centro de todo, y eso no es exclusivo de las religiones. La autosuperación personal debe ser nuestra prioridad.

¿Cree que las religiones o dogmas dan al hombre la flexibilidad necesaria para un correcto desarrollo?

CALA: Unas más que otras, evidentemente. No soy teólogo. Creo que diferenciar esos matices les corresponde a ellos. Pero yo siempre expongo claramente mi fe y mis convicciones: nací y me crié en un hogar católico, y creo en Dios. Venero a la Virgen de la Caridad del Cobre, la Patrona de Cuba, y nací el 8 de septiembre, que es el día de su celebración. Mi Dios es un Dios amoroso, que no castiga ni prohíbe. Por eso mi único dogma es intentar siempre hacer el bien.

En tu libro explicas que algo que disfrutas mucho en tus ponencias son las aportaciones que recibes de la audiencia, platícanos algo que te haya dejado atónito.

CALA: En Buenos Aires, después de una charla que di en el Teatro Belgrano, vino un muchacho de unos 14 años y me dijo: "Cala, tú me cambiaste la vida, gracias". Pero la verdad es que no pude preguntarle más, porque había centenares de personas esperando para que les firmara un libro. A los diez minutos, el muchacho hizo la fila de nuevo y volvió con su mamá. "Lo que le dijo mi hijo es cierto, la vida le cambió desde que leyó 'El poder de escuchar'", me repitió aquella señora. La verdad es que ese tipo de cosas me emocionan, y casi me dejan sin palabras, porque uno siente que puede ayudar a la gente a través de su propias vivencias, aunque sea con un granito de arena. Por eso creo que la interacción en vivo con las personas, en las conferencias, es una maravilla que espero seguir haciendo.

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