La Duquesa de Alba: Poderío, generosidad y ganas de vivir

El periodista y escritor Fermín J. Urbiola comparte algunas de sus conversaciones mantenidas con doña Cayetana, en donde desvela pasajes de su infancia, su relación con la monarquía española y su amistad con la reina Fabiola de Bélgica

Generosa, sencilla y fuerte son los tres adjetivos que me vienen a la cabeza al escribir estas letras una semana después de la muerte de Cayetana, la duquesa de Alba. Nació en la más alta de las cunas. Y vivió pisando el suelo, especialmente el sevillano. Con motivo de la publicación de mi libro Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los belgas (Espasa. 2010) quise hablar con ella porque ambas —la española reina de los belgas, Fabiola, y la duquesa de Alba, Cayetana— fueron amigas desde niñas. Y me abrió las puertas de su casa, de su palacio, el de Dueñas donde ha muerto. "Ayer hirieron al Señor de Sevilla", me dijo con mucho dolor al llegar a su hogar sevillano. Ese día la imagen de Jesús del Gran Poder, una de las más veneradas en la capital andaluza, fue atacada por un perturbado mental. "Es una gran vergüenza que se haya hecho esto con un Cristo de cuatrocientos años, el emblema de Sevilla, ese Cristo ha hecho muchos milagros... ¡me parece una vergüenza!...".


 

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Ya por entonces, le costaba verbalizar cada una de sus palabras. Le suponía un gran esfuerzo comunicarse. Pero una arrolladora fuerza interior le empujaba a hablar, a compartir sus vivencias. Y allí, en su salita palaciega, la duquesa compartió con este periodista tiempos pasados...

"Cuando éramos niñas sí, tuvimos mucho, muchísimo trato Fabiola y yo. Recuerdo la época de Lausana, en el exilio, en el Hotel Royal de Lausana. Allí estábamos, junto a la familia real española. Ten en cuenta que la reina Victoria Eugenia fue mi madrina, y el rey Alfonso XIII, mi padrino... Y, claro, yo me he educado en la monarquía ¡y soy una monárquica de tomo y lomo! Y sí, tengo admiración por nuestros reyes, mucha admiración por toda nuestra familia real ¡ah, por Letizia, también! Lo está haciendo admirablemente bien, y eso tiene mucho mérito, porque no ha nacido en ese ambiente. (…) El día de su boda, Fabiola me comentó que si iba a Bélgica le avisara con tiempo para poder ir a visitarla. De hecho, al año siguiente de su boda, visité su casa. ¿La boda de Fabiola? Bueno, como todas las bodas reales... Tuvimos tres días de celebración... no tuve tiempo ni para ir de compras... Sí, su vestido era precioso... yo nunca me he vestido de Balenciaga, pero su vestido era una preciosidad. Es que nos conocíamos desde pequeñas... Hubo una cena, también con baile, el día después de la boda. Recuerdo que como regalo le envié a Bélgica unos objetos de plata. Mi marido —Luis Martínez de Irujo— trataba mucho a los hermanos de Fabiola. Los conocía por sus reuniones en Madrid. (…) Cuando se abrió el baile, tras el convite de la boda, me sacó a bailar el rey don Juan Carlos… ¿Fabiola y yo...? Seguramente hemos sido muy diferentes, pero nos queremos mucho...".

Y la conversación continuó.

"Los dos —la reina Victoria Eugenia y el rey Alfonso XIII— eran encantadores. La reina Victoria Eugenia era una señora fantástica y muy divertida. Me acuerdo que contaba anécdotas con las que te reías mucho. Era maravillosa. El rey Alfonso XIII era muy jovial y simpático también. A ambos, siempre, les traté con total confianza. Fabiola era dos años mayor que yo, pero el rey don Juan Carlos y doña Pilar —su hermana— eran más jóvenes. A pesar de las edades jugábamos juntos, en el hotel de Lausana, al pingpong, a juegos de mesa... Allí, también, había más españoles. Sí, a Fabiola la he conocido toda mi vida, después también en Madrid, en fiestas donde conocíamos a chicos. Yo conocí su casa, el palacete de Zurbano... Tenía unos salones muy bonitos y una escalera principal, preciosa. Ella también ha estado en la mía, en la de Madrid, en el palacio de Liria. Fabiola era muy tímida, ¡mucho! Pero tras su boda, una vez Reina, adquirió mucha seguridad, ¡mucha! Ella siempre ha sido muy buena persona, muy religiosa. Fabiola nunca había tenido novio, hasta que empezó a salir con Balduino...». Gonzalo de Mora, el hermano mayor de Fabiola, nació el mismo año que Luis Martínez de Irujo, el primer marido de la duquesa de Alba. Y las dos hermanas de Fabiola que nacieron a continuación de Gonzalo, Neva y Annie, solo se llevaban uno y dos años, respectivamente, con el marido de la duquesa... «Sí, ellos se veían mucho en las fiestas que se organizaban en aquellos tiempos. Conocí mucho, también, a Jaime, el hermano de Fabiola. Tuve mucho trato con él, durante muchos años, en Marbella. Jaime era muy divertido ¡y muy artista! Imagínate, tocaba el piano de memoria ¡sin ninguna partitura! Y era tan simpático...".

Y no evitó, ni me censuró, ninguna pregunta, aunque no fuera políticamente correcta…

Años más tarde, tras su boda, Balduino se negará a firmar la ley del aborto en Bélgica... Cayetana guarda silencio, pero después es enérgica... "¡Abortar es una barbaridad! ¿Qué es eso de matar a un ser humano? Yo soy religiosa, aunque no tanto como Fabiola, yo soy más independiente. Los abortos naturales, como los que tuvo Fabiola, son una mala suerte... no creo que Fabiola lo haya pasado bien con esto... Yo tuve once hijos y nacieron siete, uno se murió y quedan seis. Carlos, Alfonso, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia, hijos del matrimonio con Luis Martínez de Irujo". (…)

(...) "Fabiola es muy admirada en Bélgica. La han querido mucho, y la siguen admirando una barbaridad. En España, también. Fabiola siempre ha sido una persona intachable. Ella no ha metido la pata nunca, nunca".

Y, por su extrema grandeza, aquel encuentro se alargó.

"El mío fue el último bautizo en el Palacio Real de Madrid, y la ceremonia se celebró en la capilla real. Me llevaron a cristianar en carroza; entonces, se actuaba en España, como hoy en toda Europa... mira las bodas por ahí, todos salen con sus carrozas... menos nuestros reyes... La monarquía más humilde es la nuestra, la española; en España, también, tenemos carrozas. ¿Y por qué no se usan? Y también palacios, ¿y por qué no se vive en ellos...? ¡Lo nuestro es increíble!".

Sonaron las manecillas del reloj que está en la pared del despacho del duque, la salita que más utilizaba la duquesa de Alba, detrás, su dormitorio donde ha fallecido. Allí, estaba dispuesto todo lo necesario para un espacio de uso frecuente en un hogar, desde un carrito con bebidas, hasta una televisión, un vídeo... La distinción, en las paredes, decoradas con joyas pictóricas: unos carboncillos de Zuloaga, unos ensayos que el pintor sombreó para poder inmortalizar en su lienzo a la duquesa cuando era niña. Zuloaga pintó a la duquesa de pequeña. Para llegar hasta allí, antes y acompañado por su secretaria personal Lola Moralí —su mano derecha durante tantos años— atravesé el palacio hasta alcanzar la galería de la duquesa, el pasillo que encara las estancias que conformaban la residencia personal de la duquesa de Alba, su hogar sevillano. Un pasillo lleno de fotografías. Allí, en unos metros, una vida entera resumida en papel fotográfico. La más visible, la que enfrenta el despacho del duque, es una estampa de Cayetano Rivera Ordóñez vestido de luces, flanqueado por su hermano Fran.

Después, mantuve con ella distintos encuentros. En todos destacó su fuerza interior, especialmente el día que asistió a la presentación de mi último libro “Palabra de Rey” (Espasa 2012) junto a Alfonso Díez Carabantes, duque de Alba. Me acompañó una duquesa anciana, muy frágil físicamente, pero con un gran y admirable espíritu de superación. Le agradecí su presencia, y ella me respondió: “No me ha supuesto ningún esfuerzo venir”. Con Cayetana no sólo aprendí de historia, ya que ella ha sido una de las grandes protagonistas de la historia de España, sino también de su poderío, de sus ganas de vivir. Descansa en paz, duquesa de Alba, querida Cayetana. Y gracias.


Fermín J. Urbiola es periodista y escritor.
www.ferminjurbiola.com

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