Leo Abadía, o ¿cómo ayudar a un joven millonario “en apuros”?

Inspirados en la cinta 'Nosotros Los Nobles', hablamos con un experto que trabaja cerca de un mundo parecido y ayuda a hacerlo mejor

Con 26 años de experiencia en formar a hijos de multimillonarios y diez hijos propios, Leopoldo Abadía (Leo Abadía Jr.) ha desarrollado no sólo un método exitoso para “poner en marcha” a jóvenes que, teniendo una extraordinaria formación y todas las oportunidades, han sido incapaces de encarrilar su vida profesional. También, estas dos décadas y pico le han llevado a desarrollar una especia de sexto sentido que le permite saber, en pocos minutos, si puede o no ayudar a un joven millonario “en apuros”.

A su puerta suelen llegar primero los padres que, “preocupados por sus hijos”, buscan ayuda del experto para que sus retoños dejen de “perder el tiempo” y comiencen a trabajar efectivamente en la empresa familiar. Pero el proceso comienza hasta que habla con los hijos, a quienes Leo considera sus verdaderos clientes y a los que brinda no sólo conocimientos sobre Dirección de Empresas, sino además cariño, atención y tiempo.

En parte su método ha llamado la atención mediática porque se sabe que, en aras de brindar un servicio personalizado y detallado, él y los profesores que se embarcan en el proyecto (directores de reconocidas empresas o líderes de sectores empresariales) han llegado a impartir clases en aviones, aeropuertos, tras una esquiada en Colorado (Estados Unidos) o en una sesión de carreras privadas en un circuito de Fórmula 1.




Pero su método llama la atención de los multimillonarios porque funciona, porque cuando el padre se ha cansado de enviar a su hijo al psicólogo, al psiquiatra, de ponerle gurús, “coaches”, tutores, etc., hay alguien que dice: “hay un loco en Barcelona que siempre los pone en marcha…”, así que la mejor recomendación sobre su trabajo siempre va de boca en boca. Satisfacción garantizada.

Construir sobre buenos cimientos

Y ¿por qué Abadía tiene éxito donde otros muchos han fracasado? ¿Cuál es el secreto de su “método para millonarios”?  “Sólo trabajo con gente buena”, dice este consultor, que a pesar de que lo niegue, sí que tiene alma de psicólogo.

“Mis alumnos son muy brillantes, todos. Entonces lo único que pasa es que no saben que son tan brillantes. Y yo hago que lo sepan. Ya está, no hago más, pero llevo 26 años con este criterio y bien”, dice.

En realidad, antes de empezar, Leo se asegura de que los herederos en apuros son gente brillante y buena. “Yo construyo sobre buenos cimientos”, asegura.

Y es que antes de tomar un nuevo “cliente”, después de hablar con el padre que regularmente quiere que su hijo “sea como él”, Leo se entrevista con el chico “en apuros” y en cosa de minutos determina “si se van a entender”. A lo largo de la primera entrevista (que dura un par de horas regularmente) logra que el joven “se abra” y comience a revelarle sus problemas, sus inquietudes y quién es él en realidad, no lo que sus papás quieren que sea. Hay un momento en que logra hacer empatía con ellos y de ahí parte el programa.

En 26 años ha rechazado trabajar con muchas personas, principalmente por tres motivos, porque no lo necesitaban realmente, porque tenían algún problema mental o de adicciones, o porque “están estropeados del todo”. Pero en 26 años ha logrado el éxito con 211 “millonarios en apuros” de todo el mundo, entre ellos por supuesto México, con los que mantiene contacto hasta la fecha.

Son chicos muy brillantes, con la cabeza muy bien puesta y con un problema muy serio, que es que no saben cómo agradar a papá o a mamá”, explica de estos jóvenes cuyo común denominador es que los padres les dan mucho de todo, pero poco cariño y atención personalizada por la falta de tiempo.

El suyo es un programa de Dirección de Empresas que trabaja con base en el modelo de casos diseñados por instituciones como el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa de la Universidad de Navarra, el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas, Harvard Business School y otras prestigiosas escuelas de negocios.

El caso permite centrar bien la discusión y determinar cuáles son las decisiones a tomar y a mí, lo que me interesa es que él aprenda a tomar decisiones, porque en el momento en el que él empieza a tomar decisiones pequeñitas generas autoestima, y es cuando se pone en marcha”.

Los profesores que trabajan con él suelen ser directivos o presidentes de importantes empresas que aceptan trabajar con los herederos en apuros “porque les entusiasma el proyecto”.

Conviene aclarar que, aunque a veces lo parezca, Leo no hace milagros. Lo que sí hace es muchos amigos, porque el trato con los “clientes” siempre termina en amistad, que a la vez se traduce en una larga lista de contactos de primer nivel a la que puede recurrir con discreción y con mesura siempre que lo necesite, pero sobre todo, es la que esparce de boca en boca, la recomendación sobre su método, su “expertise” y su encanto personal.

¡Y qué bien que así sea!, porque de otro modo sería muy complicado dar con él. Su discreción es absoluta. Nunca nombra a sus alumnos, ni siquiera a sus profesores. No se anuncia en la guía telefónica, no tiene página web, no tiene tarjeta y no va repartiendo por ahí su número telefónico. Solo cuenta con una dirección de correo leoabadiajr@gmail.com, a través de la que se le contacta. Fiel a su figura de perfecto Richelieu, guarda un discreto perfil detrás de los otros protagonistas de su éxito, los millonarios que tras pasar por su método dejan atrás sus “apuros”.

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