Duelo y conmoción en Suiza y Bélgica por la muerte de 22 escolares

Los jóvenes fallecieron en un accidente de autobús al chocar en un túnel en la autopista A9, a la altura de la localidad de Sierre

El dolor y la impotencia han teñido de duelo el montañoso cantón del Valais, acostumbrado a las avalanchas y los accidentes de esquí, pero conmocionado por el drama de la muerte en el accidente, este miércoles, de un autobús de 22 escolares y seis adultos que habían disfrutado de una semana en las nieves alpinas. La jornada amaneció en el Valais, refugio de esquiadores y de amantes de la montaña, con un sol radiante y unas temperaturas primaverales que contrastaban con los escalofríos que atenazaban a autoridades políticas, policiales y médicas, y a los simples ciudadanos, que asumían el trágico balance del accidente.


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Perdieron la vida 22 escolares y otros 24 se encuentran heridos -tres de ellos de extrema gravedad- al chocar, por razones que aún se desconocen, el autobús en el que viajaban de forma frontal con la pared de una de las salidas de emergencia de un túnel en la autopista A9, a la altura de la localidad de Sierre. De los 24 menores heridos -17 belgas, tres holandeses, un polaco, un alemán, y dos aún por identificar- 21 padecen lesiones que se curarán en las próximas semanas, según Deslarzes, mientras que 3 han sufrido traumatismos que podrían costarles la vida.

"La muerte de un adulto es dramática, pero la pérdida de un niño no hay palabras para definirla", resumió en rueda de prensa en la capital del Valais, Sion, el primer ministro belga, Elio Di Rupo, conmocionado por la magnitud de lo ocurrido. "Estamos acostumbrados a los accidentes, a la pérdida de vidas, pero a un caso como éste, no. Cuando hay niños envueltos, se convierte en una tragedia", explicó el director médico de la organización cantonal suiza de socorro, Jean-Pierre Deslarzes. "Los equipos de emergencia quedaron fuertemente traumatizados cuando entraron en el autocar", agregó.

Tal fue el golpe para las más de 200 personas que participaron en las labores de rescate que tuvo que establecerse un equipo de ayuda psicológica dedicada especialmente a ellos, y las autoridades, tanto suizas como belgas, tuvieron palabras de agradecimiento y de apoyo. "Yo no puedo describir el apocalipsis al cual nos tuvimos que enfrentar. Al llegar, escuchamos los gritos de los niños. Los socorristas son fuertes, pero eso fue más allá de lo imaginable", comentó Alain Rittiner, conductor de ambulancia, que participó en la coordinación de las labores de rescate.


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La pormenorizada descripción del trabajo de los socorristas contrastó con el total pudor y mutismo con la que las autoridades suizas y belgas trataron toda información relativa a las familias de las víctimas. No se ha sabido dónde se ha instalado el centro de crisis para acogerlos, en un intento claro de evitar el acoso mediático a unas personas ya de por si traumatizadas.

La misma duda se impuso durante horas sobre el destino del avión que transportaba desde Bruselas a los 116 familiares de los menores siniestrados, que viajaron acompañados de psicólogos. La lógica indicaba que debían aterrizar en el pequeño aeropuerto mixto (civil y militar) de Sion, más acostumbrado a los aviones de combate y a los jets privados de los ricos esquiadores, que llegan por centenas en invierno, que a un avión militar repleto de padres rotos de dolor. La otra opción era aterrizar en el aeropuerto internacional de Ginebra, a más de 160 kilómetros de Sion, pero más apto para poder trasladarlos sin ser filmados por las decenas de cámaras de televisión que acechaban desde temprano el aeródromo alpino. Ginebra fue finalmente la opción elegida, y los parientes fueron trasladados por carretera en un autobús con vidrios oscuros hasta el Valais.

Fabre asumió horas después que la desinformación era parte de la estrategia para evitar que la prensa pudiera acercarse a los familiares.


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Se investigarán las causas
Se desconocen de momento las causas del accidente -el segundo de carretera más grave de la historia de Suiza tras el que costó la vida a 39 personas en el año 1982 cerca de Zúrich-, si bien ha quedado descartada la hipótesis de un exceso de velocidad o de un choque con otro vehículo. Las tres posibilidades que aún se barajan son el fallo humano o técnico y la indisposición inesperada del conductor. La autoridad judicial intentará reconstruir los hechos, con la ayuda de psicólogos, con los testimonios de los menores supervivientes, mientras que espera que la autopsia del conductor y el análisis de las imágenes tomadas en el interior del túnel arrojen luz sobre las causas de lo ocurrido.

Crecen en los medio belgas, no obstante, los comentarios sobre la seguridad y el estado en el que se encontraba el túnel en el que se produjo el accidente en la localidad de Sierre. El presidente de la comuna de Sierre, François Genoud, aseguró que el túnel en el que ocurrió el accidente, inaugurado en noviembre de 1999 y con 2,5 kilómetros de longitud, "no es más peligroso que otros lugares de la carretera", aunque reconoció que en ese tramo han ocurrido algunos siniestros menores. No obstante, subrayó que la calzada estaba "en muy buen estado", que no había mucho tráfico a esa hora y que el impacto ocurrió en un "tramo recto", por lo que "es difícil comprender lo que pasó".

El Gobierno belga informó de que los conductores habían llegado el lunes a Suiza para el transporte de los escolares y sus monitores, y que el accidente ocurrió tras sólo una hora de ruta, por lo que el cansancio no debería ser la razón del accidente.

El vehículo era propiedad de la empresa Toptours, con sede en la localidad belga de Aarschot, y había cumplido con todas las revisiones técnicas, la última de ellas en octubre del año pasado y vigente hasta mediados del mes de abril.

El presidente del Consejo de Estado el cantón de Valais, Jacques Melly, confirmó a la radio suiza RTS que "el autobús era casi nuevo", y que será la investigación la que determinará lo ocurrido. "Hay que averiguar por qué el autobús se desvió hacia la derecha y por qué golpeó contra la pared de una de las salidas de emergencia del túnel", explicó Melly, que agregó que "lo importante ahora es pensar en la familias y en la tragedia que esto supone para ellas".


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Dificultades para identificar a las víctimas
La ministra de Sanidad de Bélgica, Laurette Onkelinx, explicó que esas dificultades se deben a la violencia del impacto y también dijo, en unas declaraciones a la radio pública francófona RTBF, que habrá que practicar la autopsia al conductor del autobús.

El primer ministro belga, Elio Di Rupo, afirmó esta madrugada tras regresar del lugar del siniestro que la repatriación de los fallecidos no se producirá hasta que todos estén identificados y confió en tomar una decisión al respecto a partir de esta misma tarde, recoge la agencia Belga.

La ministra Onkelinx precisó que, de los 24 heridos, serán trasladados a Bélgica lo antes posible los que se encuentren en condiciones de viajar.

El consulado español en Bruselas está tratando de confirmar la doble nacionalidad belga y española de uno de los muertos y otros dos heridos en el accidente.

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