Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz

Benedicto XVI anima a los jóvenes a que con 'su entusiasmo e idealismo ofrezcan una nueva esperanza al mundo'

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¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año?
Con esta pregunta inicia el papa Benedicto XVI su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1 de enero de 2012, cuyo lema es "Educar a los jóvenes en la justicia y la paz", y que fue presentado hace unos días por el cardenal Peter Turkson, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz. El Santo Padre ha hecho un llamamiento a las nuevas generaciones para que luchen por conseguir un futuro mejor y que tengan "la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente".

"Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo. Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos".

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Dividido en cinco apartados (Los responsables de la educación, Educar en la verdad y en la libertad, Educar en la justicia, Educar en la paz y Levantar los ojos a Dios), el mensaje del Sumo Pontífice hace especial hincapié en la difícil situación que vive el mundo en estos momentos, y señala que "en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas". "Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día", añade, pero resalta el deseo "expresado por numerosos jóvenes en los últimos tiempos en varias partes del mundo de poder mirar al futuro con esperanza".

En su afán porque entre todos construyamos un mundo mejor, Benedicto XVI recuerda a los responsables de la educación, que su función es vital ya que la educación es "la aventura más fascinante y difícil de la vida". "Educar significa conducir fuera de sí mismos para introducirlos en la realidad, hacia una plenitud que hace crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven. Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca". Así, el Papa se dirige directamente no sólo a la familia, sino también a los responsables de las instituciones dedicadas a la educación, los responsables políticos y al mundo de los medios de comunicación.

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