La hija de la multimillonaria Bettencourt vuelve a intentar que la justicia declare a su madre incapaz de gestionar su fortuna

A pesar del acuerdo de reconciliación alcanzado por ambas partes el pasado mes de diciembre, Bettencourt-Meyers recurrió ayer a la jueza de Courbevoie (cerca de París) para intentar "asegurar la protección jurídica de su madre".

Bettencourt-Meyers explica a la jueza que "han aparecido inquietudes que hacen temer nuevas derivas contrarias a los intereses de Liliane Bettencourt", tanto de la persona como de la "gestión de su bienes", precisa "Le Monde", que ha podido consultar esos documentos.

La hija de la multimillonaria anciana, propietaria de L'Oréal y cuya fortuna se estima supera los 17.000 millones de euros, considera que el médico y la enfermera de su madre han constituido un "verdadero cinturón de seguridad" alrededor de Bettencourt que opera "en detrimento de su familia".

Horas después de conocerse la nueva iniciativa, Liliane Bettencourt declaró al semanario "Le Point" que está "ofendida y triste. Porque es mi hija. Es horrible lo que hace".

La anciana agregó que su hija "va a quedarse sola y a ser infeliz" y reconoció que no se ve "capaz" de devolver lo que califica de "bofetada".

La nueva tentativa para conseguir que la justicia declare a Bettencourt incapaz de ocuparse de sus bienes se produce después de saberse que la jueza ya había constatado la debilidad de la multimillonaria.

En un escrito fechado el pasado 25 de mayo, revela "Le Monde", la misma magistrada había considerado que "las facultades cognitivas de Liliane Bettencourt están claramente alteradas por una enfermedad cerebral".

Actualmente, los bienes de Bettencourt los gestiona Pascal Wilhem, en virtud de un "mandato de protección futura" alcanzado por madre e hija en el marco del acuerdo firmado para enterrar el cisma familiar del año pasado, que ha inspirado desde cómics hasta obras de teatro.

Los regalos en obras de arte, seguros de vida y efectivo por valor de unos 1.000 millones de euros de Bettencourt a su amigo, el fotógrafo 20 años menor que ella François-Marie Banier, fueron el detonante del escándalo en una de las familias más ricas de Francia.

Mientras Françoise Bettencourt-Meyers intentaba poner a su madre bajo tutela judicial, florecieron en la prensa cintas con 20 horas de grabaciones de conversaciones privadas realizadas por el mayordomo de la multimillonaria en su casa.

El escándalo adquirió entonces ramificaciones político financieras que llevaron a la justicia a abrir media docena de investigaciones sobre el entonces ministro de Trabajo, Eric Woerth, para esclarecer si había cometido alguna ilegalidad para financiar, con dinero de Bettencourt, la campaña presidencial de Nicolas Sarkozy.

La anciana fue también acusada de recibir un trato fiscal de favor y de esconder dinero y bienes al fisco -incluida una isla en las Seychelles- aunque recientemente explicó en una entrevista que tanto sus problemas familiares como las confusiones con la hacienda pública se habían solucionado.

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