El Empire State Building, un ejemplo de sostenibilidad

El mítico rascacielos neoyorkino ahorra un 40 por ciento de la energía gracias a un plan de eficiencia 'verde'

Las soluciones sostenibles son uno de los principales retos a los que se enfrentan las grandes capitales del mundo, para reducir el impacto del uso energético en el medio ambiente. Y uno de los rascacielos más famosos del mundo, el Empire State Building, parece haber dado con una fórmula de éxito “eco”.

El propietario del mítico edificio, Anthony Malkin, ha destacado el éxito de la implantación de un plan de eficiencia energética gracias al cual se ha reducido en 105.000 toneladas las emisiones de dióxido de carbono (CO2), según recoge la agencia de noticias Europa Press. Es decir, una cantidad que equivale a los gases que emiten 20.000 vehículos. Esto supone un 40 por ciento menos de emisiones.

"Lo que funciona para el Empire State Building puede funcionar en cualquier sitio", ha declarado Malkin en el II Energy Efficiency Forum, que se celebra estos días en Mónaco. Según ha informado, en las grandes urbes cerca del 80 por ciento del consumo energético y el 20 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero proceden de los edificios comerciales.

La solución, según ha destacado Malkin, pasa por readaptar estos grandes espacios con nuevos sistemas y equipos más eficientes, una inversión que ha supuesto los 4,4 millones de dólares en el rascacielos y que se estima se amortizará en tres años. Y es que los beneficios serán "masivos y positivos" en el medio ambiente, además de suponer menos gastos energéticos en el futuro: “Cuando algo tiene sentido económico y además protege el medio ambiente, entonces es todo mucho más fácil", ha añadido Malkin.

El principal reto de la familia propietaria del edificio es probar que la eficiencia y el negocio no son incompatibles: "Por un lado está la parte verde, pero también está la economía y finalmente se ha convertido en un ejemplo para el resto del mundo”

El Empire State ha adaptado 6.500 ventanas para reducir el calor del verano y evitar la pérdida del mismo en los meses de invierno. Así se reduce “sustancialmente” el uso del aire acondicionado y de la calefacción. También se han aplicado sensores de control del movimiento que regulan el encendido y el apagado de las luces, para evitar un uso “desproporcionado” de la electricidad.

Más sobre: