Las tiendas de lujo 'reciclado' florecen en Japón

Los japoneses, unos de los principales consumidores de lujo del mundo, prefieren comprar artículos exclusivos de segunda mano

Bolsos Louis Vuitton o relojes Gucci a una fracción de su precio original: las tiendas del lujo "reciclado" florecen en Japón, donde la crisis económica ha creado un pujante mercado de segunda mano reflejo de las nuevas estrategias de consumo en el país asiático.

Con la crisis, las importaciones japonesas de los productos nuevos de marca, que incluyen los más lujosos, totalizaron en 2009 unos 894.600 millones de yenes (8.000 millones de euros), casi un 16 por ciento menos que el año anterior, según el privado Instituto de Investigación Yano del país asiático.

En épocas de vacas flacas en Japón, uno de los principales mercados de lujo del mundo, los consumidores han aprendido nuevas estrategias de compra que han llevado a que las tiendas de reciclaje de artículos de lujo proliferen en las calles del país asiático. El negocio parece prosperar, como muestran, por ejemplo, los brillantes resultados de la cadena de centros comerciales Komehyo, con sede en Nagoya (centro) y que vende artículos de marca nuevos y reciclados, y que en el año fiscal que concluyó en marzo de 2009 tuvo un beneficio de 372 millones de yenes (3,3 millones de euros).

Los principales clientes de este tipo de tiendas son "mujeres de entre 20 y 40 años que trabajan en oficinas" y que buscan principalmente bolsos y relojes, explicó a Efe el responsable del portal de internet "Tokyo Fashion Daily", Timothy Schepis. Buena parte de este segmento son jóvenes solteras que continúan viviendo en casa de sus padres sin pagar alquiler y que, en vista de la crisis, combinan prendas básicas adquiridas en grandes almacenes con artículos de lujo que les permiten mantener el toque de exclusividad.

Un reciente estudio de la consultora McKinsey & Company señala que, aunque retorne el tiempo de las vacas gordas a Japón, el antaño floreciente mercado del lujo nipón no volverá a ser el que fue en la década de los 80, durante la "burbuja" financiera. Según una encuesta de esa consultora, un 9 por ciento de los tokiotas afirma que aunque se recupere la economía no está dispuesto a volver a su viejo nivel de gastos en artículos de lujo, mientras otro 20 por ciento cree que puede comprar esas mismas marcas en las rebajas.

Por eso, en un país donde el 44 por ciento de las mujeres posee un bolso de Louis Vuitton, según datos del grupo francés, el reciclaje de artículos de lujo se presenta como una buena alternativa para vestir al último grito de la moda... o al menos al penúltimo. En el moderno barrio tokiota de Shinjuku se levanta un edificio de varios pisos de la cadena Komehyo y, cerca de éste, un local de No Brand, donde el comprador es atendido por prolijos vendedores con guantes blancos que muestran sus lujosos productos y advierten, eso sí, de sus imperceptibles roturas.

Bolsos de cuero o charol Chanel o Prada cotizados en unos 1.500 euros se venden, de segunda mano, a unos 350 euros, mientras que los relojes Gucci o Bulgari para hombre, por ejemplo, cuestan la mitad de lo que valdría uno nuevo. Pero lo que más abunda en las góndolas y mostradores de estas tiendas de lujo reciclado son los bolsos de Louis Vuitton, una marca emblemática en Japón y que se popularizó aún más con el filme "Sex and the city". En estas tiendas, un bolso Vuitton en sus modelos damero o monograma pueden costar en torno a los 200 euros, alrededor de una quinta parte de su precio original en Tokio.

En Ginza, la meca de la moda de lujo en Tokio, existen tiendas de segunda mano en algunas callejuelas escondidas, donde los jóvenes pueden adquirir, por ejemplo, casacas de cuero de marcas deportivas como Converse por 25 euros, un precio mucho menor que el de los comercios tradicionales nipones.

El mercado de segunda mano no se limita solo al lujo. Ya sea por la crisis o por una tendencia global de los jóvenes a comprar artículos usados, este tipo de negocios prolifera en muchos barrios de la ciudad en un país donde no se conoce la pobreza y el ingreso per cápita supera los 32.000 dólares (unos 23.800 euros).

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