Natascha Kampusch publica la escalofriante historia de su secuestro

La joven, de 22 años, que estuvo ocho secuestrada, cuenta los episodios más dramáticos de sus recuerdos

“3.096 días”. Bajo este escalofriante y revelador título, Natascha Kampusch, la niña que estuvo ocho años secuestrada, cierra un capítulo de su vida. Se trata del título de su historia, que mañana sale a la venta en su Austria natal y que ella misma presentará en unos días, un libro en el que cuenta, con pelos y señales cómo fue su dramática experiencia retenida en el sótano de su secuestrador, Wolfgang Priklopil. En una entrevista concedida días antes de la publicación del texto, la joven asegura que lo ha escrito para tratar de poner punto y final a esta historia.

Un total de 284 páginas en las que Natascha narra la violencia, los abusos y las humillaciones a los que fue sometida sistemáticamente, desde que fuera raptada a los 10 años. Pese a que tan solo era una niña, la joven recuerda perfectamente su temor tras el secuestro. Según cuenta en el libro, preguntó a Priklopil: “¿Vas a abusar de mí?” Él respondió que era demasiado pequeña para eso, le dio un colchoncillo y una manta, y la encerró en el sótano.

Pero los abusos no tardaron en llegar. La prensa austriaca se hace eco hoy de las declaraciones más escalofriantes de la joven, que narra continuos episodios de maltrato ("Me agarraba brutalmente y me pegaba"), intentos de suicidio (el primero, a los 14 años, tras pasar la primera noche con él fuera del zulo, en la casa) y su incomprensión ante los abusos (“Solo sé que me producía dolor físico. El daño psíquico todavía no lo he podido calibrar”).

Pocas páginas para la esperanza, aunque la joven también repasa su alivio cuando consiguió escapar de la casa, con 18 años, gracias a un descuido de su secuestrador. “Por fin no me golpearía más”.

El caso de Natascha Kampusch conmocionó al mundo entero cuando el 25 de agosto de 2006 reapareció por sorpresa tras escapar de su cautiverio. Poco después, su raptor se suicidaba, antes de que la policía pudiera dar con él. Entonces, la joven se enfrentaba a un nuevo reto: el de superar las profundas heridas de su secuestro, y el de adaptarse a la vida “normal”. Natascha había perdido parte de su infancia y su adolescencia, y la vuelta a casa no sería fácil. Gracias a la ayuda psicológica y al apoyo de los suyos, la joven ha conseguido tirar hacia delante, aunque el fin de esta historia aún tardará en llegar.

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