La heredera de L’Oréal, en medio de un complicado proceso judicial, se refugia en Mallorca

Lilianne Bettencourt descansa en Formentor ajena al escándalo

La octogenaria heredera de uno de lo mayores imperios de Francia, L’Oréal, descansa estos días en Formentor (Mallorca), tomándose un respiro del complejo proceso judicial en el que están en juego sus 17.000 millones de euros.

Pero es posible que la calma dure poco tiempo, y es que tanto Lilianne Bettencourt como el ministro de Trabajo francés, Eric Woerth, serán interrogados en los próximos días en el marco de las investigaciones que se están llevando a cabo a raíz del escándalo sobre la supuesta evasión fiscal de la heredera de L'Oréal y que ha salpicado en forma de financiación ilegal al partido gobernante UMP y a Woerth, tesorero del mismo hasta la semana pasada.

La semana pasada se procedió a registrar el domicilio de la multimillonaria y se detuvo de forma provisional a cuatro personas de su entorno más próximo. El objetivo del interrogatorio a Bettencourt, además de abordar la cuestión de las dos cuentas que tendría en Suiza por 78 millones de euros, es conocer el estatus jurídico de la isla de Arros, en las Seychelles, que perteneció al Sha de Persia hasta que Bettencourt la compró.

La dueña de L’Oreal llegó el viernes a Formentor, donde lleva veraneando treinta años, y está encerrada en una gran casa cercana al hotel Formentor, lejos del ruido y custodiada por enormes pinos y seguridad privada. Según cuentan los vecinos, la heredera se da un baño en la playa todos los días a primera hora de la mañana, y después regresa a su fortaleza.

De culebrón a cuestión de Estado

El caso Bettencourt ha pasado de ser un culebrón familiar a una cuestión de Estado. La hija de Bettencourt, con la que no se habla desde hace años, demandó a un amigo especial de su madre, el fotógrafo François Marie Banier, por aprovecharse de la fortuna y debilidad de su madre. Al parecer, la heredera habría regalado mil millones de euros a su amante en concepto de arte, cheques e incluso una isla. Según afirma la hija, que ha intentado incapacitar a su madre sin éxito, Lilianne no está lúcida, sufre pérdida de memoria y padece una enfermedad neurológica.

En este punto, el caso se complica con la aparición de un mayordomo de madame Bettencourt (cuyo sueldo era de 7.000 euros al mes) que aportó una serie de conversaciones grabadas de la heredera con un abogado, para probar su inestabilidad mental, y en las que salió a relucir el patrimonio no declarado de Bettencourt.

Resulta que la administradora de la fortuna no era otra que la esposa del actual ministro de Trabajo, con lo que el escándalo llegó hasta el mismo gobierno de Sarkozy. La investigación sigue su curso, así que dentro de poco madame Bettencourt deberá abandonar Mallorca.

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