Adiós a José Saramago, el portugués más universal

La muerte del premio Nobel de Literatura conmociona al mundo entero

Conmovedor, brillante y digno. Así es el legado que deja el Nobel portugués José Saramago, que ha fallecido hoy a los 87 años en su casa de Lanzarote. Saramago se ha ido acompañado por su mujer, Pilar del Río, a quien profesaba tal devoción que llegó a parar todos sus relojes a la misma hora en que la conoció, hace ya 25 años.

Numerosos cámaras y representantes políticos isleños se han acercado hasta el domicilio familiar, y la noticia ha dado la vuelta al mundo a través de los medios de comunicación. La capilla ardiente ha sido instalada a las cinco de la tarde (hora peninsular) en la Biblioteca José Saramago de la localidad de Tías. Los restos mortales del escritor serán trasladados a Lisboa, donde se instalará una segunda capilla ardiente en el salón de plenos del Ayuntamiento. Finalmente será incinerado y sus cenizas se esparcirán entre su pueblo natal, Azinhaga (Portugal) y su lugar “de adopción”, Tías, en Lanzarote.

José de Souda, más conocido por el apodo familiar, Saramago, nació el 16 de noviembre de 1922 en Azinhaga, una aldea de Ribatejo (Portugal). Se dedicó a la literatura porque no le gustaba el mundo donde le tocó vivir; con una gran conciencia política y profundamente implicado en los problemas del hombre, dotó a los personajes de sus novelas de dignidad y de historias conmovedoras que perseguían la reflexión. Saramago, uno de los mejores escritores del siglo, fue siempre un intelectual en defensa de lo que creyó más justo.

Saramago deja una prolífica obra literaria, en la que destacan obras como 'La balsa de piedra' (1986), 'Ensayo sobre la ceguera' (1995), 'Todos los nombres' (1998) o 'Ensayo sobre la lucidez' (2004).

En los últimos tiempos, el Nobel, consciente de su avanzada edad, quiso aprovechar el tiempo al máximo para decir lo que tenía que decir “cuanto antes”. Quería despedirse a lo grande, y así lo hizo, con títulos como 'La caverna' (2000); 'El hombre duplicado' (2002); 'Las intermitencias de la muerte' (2005); 'Las pequeñas memorias' (2006); 'El viaje del elefante' (2008); y 'Caín' (2009), su última novela. La cumbre de su carrera la alcanzó en 1998 cuando en reconocimiento a sus méritos le fue concedido el Premio Nobel de Literatura.

De todos los rincones del mundo han llegado frases de condolencia. El presidente de la República portuguesa, Cavaco Silva, ha subrayado que el Nobel “será siempre una figura de referencia de la cultura nacional”. Asimismo, el primer ministro portugués, José Sócrates, ha lamentado la muerte del escritor con unas sentidas palabras: “Saramago fue uno de los grandes rostros de nuestra cultura y su desaparición vuelve a nuestra cultura más pobre”.

El mundo desvalido que tan bien retrató en sus novelas ha perdido a un gran narrador. Pero como él mismo dijo en una ocasión: "No cambiaremos el mundo si antes no cambiamos nosotros de vida".

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