Entrevista en su estudio de Brooklyn

El arte más allá de Manhattan. Lluis Lleó, pintor

'En Nueva York no valen las medias tintas ni para ser mediocre'

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 Nueva York le da lo que ninguna otra ciudad del mundo podría darle: vida, cambio, movimiento y por qué negarlo, éxito. Lluis Lleó se mueve como pez en el agua por las avenidas de Manhattan y se codea con lo más granado de la sociedad, estando su nombre en boca de mujeres tan importantes como Cristina Valls Taberner, gran apasionada del arte. Modesto, sencillo y dotado de un extraordinario sentido práctico, la Fundación La Caixa, el Museo Reina Sofía y las galerías más importantes del mundo acogen obra suya. Y esto no ha hecho nada más que empezar; al fin y al cabo, 20 años no son nada.
Hijo y nieto de pintores, Lluis Lleó, artista español afincado en Nueva York, ha encontrado en la gran ciudad su talismán para seguir creando sus obras, reconocidas mundialmente. Hola.com se cuela en su fabuloso estudio de Brooklyn para entrevistar a este pintor catalán cuya principal meta como artista es inspirar a las generaciones venideras. Allí, en una nave blanca de techos altos y paredes infinitas, alejados del bullicio de Manhattan y rodeados de cuadros y obras en pleno proceso creativo, Lleó relata ante una taza de café cómo debemos interpretar la mirada de un artista que penetra la materia tratando de desvelar el misterio de las cosas. Tomando su vida como un cruce de caminos, en el de este pintor hubo un antes y un después cuando pintó el tragaluz de la puerta del suk El Arwan en los nuevos zocos de Beirut del arquitecto Rafael Moneo, puede que hasta ahora, el momento del que se siente más orgulloso de toda su carrera.

¿Por qué Nueva York?
Para mí levantarme en Nueva York es diferente cada día. La ciudad y yo somos como un matrimonio, para bien y para mal, cada día es una sorpresa (que también puede ser positiva o negativa). Es una ciudad que no es, sino que la hacemos quienes vivimos en ella, se construye y se destruye diariamente…

¿Cómo llegaste hasta aquí?
Básicamente por accidente. Un buen día dije que me iba, y me vine. Siempre lo había pensado y al final lo conseguí; después iba ampliando “ratitos”, un mes más, 2 años más y así hasta hoy. Y ya han pasado 22 años. Y no creo que deje nunca esta ciudad, porque aquí no sé dónde está el mañana, siempre tengo esa incertidumbre que me hace seguir pedaleando. No busco éxito, porque el éxito es el final, y el mío está muy lejos.

¿Y entonces no has tenido éxito aquí?
Tengo el éxito de vivir aquí y de hacer lo que me gusta todos los días. De haber conocido a gente maravillosa y de poder mantener a mi familia gracias a mi pintura. Las prisas no son buenas, las cosas importantes requieren su tiempo.

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¿Qué pasa por la cabeza de un artista ante un proceso de creación de una obra?
El trabajo es una cadena. Cada pieza son eslabones; hay de todo, ideas obsesivas, altibajos… y la única forma de quitártelas de la cabeza es haciéndolas. Aquí entra el juego el examen de la memoria, si permanecen dentro de ti, es que son cosas que merece la pena hacer. Y siempre sin prisas. En el proceso van surgiendo ideas, cambios, progresos… hay que transformarse porque la pintura puede llegar a aburrir.

¿Es real esto de la generación de pintores españoles afincados en Nueva York o es que Nueva York vende?
Es un tópico. Hay artistas que vienen, se forman y se van o están unos años pero aquí no hay generación de pintores españoles afincados. Son titulares de periódicos, nada más.

Su principal referencia es la construcción y sin embargo es pintor. ¿Es un arquitecto frustrado?
Bueno, supongo que sí. Soy un pintor al que le hubiera gustado ser arquitecto, aunque me temo que no hubiera sido muy bueno. Aún así, con mi pintura, siempre trato de que la gente vea más allá de la obra, es como explicar qué hay detrás de un cuadro. En mi caso puedes ver y hasta tocar lo que hay detrás.

¿Cómo se logra crear algo nuevo utilizando la técnica más antigua?
Como cocinar espaguetis. La técnica es la misma pero se puede ser rompedor utilizando los mismos elementos y combinándolos de forma distinta, aunque siempre respetando la tradición. Pintar frescos es una de las formas artísticas más antiguas de trabajar.

¿Nueva York tiene arte?
Todo el arte del mundo. En Nueva York la caída es muy dura, y claro, haces todo lo posible por no caerte; es una ciudad que exige mucho, que da mucho, también. Tú eres el protagonista de tu película, no hay dobles ni actores secundarios. Aquí no valen las medias tintas ni para ser mediocre.

Por lo que la inspiración está a la vuelta de la esquina…
Sí, en la misma calle. Hay momentos que son escenas de película, de cuadros, de todo. La primera vez que vine a Nueva York, hace 22 años, me encontré a una señora en batín y zapatillas comprando pasta en un Deli a las 4 de la madrugada. Es una ciudad muy libre donde aprendes y una ciudad que recompensa.

¿Qué diferencia hay entre ser un artista en España o ser un artista en Nueva York?
Bueno, lo que ocurre en España es que no hay oxígeno, es un país pequeño… aunque con mucho duende; a mí me fascina. Pero realmente se piensa poco y las cosas se hacen muy rápidas. Ser artista en España emociona, y hay muchos y muy buenos, pero no hay cabida para tantos y desgraciadamente para ser artista también se necesita dinero. Filosóficamente, Estados Unidos nunca se acaba, es un país joven en constante movimiento.

¿Algún consejo a quienes van a visitar la ciudad próximamente?
¡Menos shopping y más cultura!

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