Los españoles compran 21 millones de móviles nuevos al año, pero aún no triunfa el teléfono 'verde'

El impacto medioambiental que supone fabricar un teléfono móvil nuevo es uno de los aspectos más desconocidos para los consumidores

Por la OCU

La revolución social del teléfono móvil es algo evidente y visible en nuestro país. Existen más terminales que habitantes, cada vez son más sofisicados, el 24 por ciento de los jóvenes lo utiliza para navegar por Internet y existen incluso centros de rehabilitación especializados para los adictos al terminal. Pero lo que a menudo no se tiene en cuenta es el impacto medioambiental que producen los más de 21 millones de terminales nuevos que compramos cada año en España.

La buena noticia es que los móviles ecológicos ya existen: fabricados con materiales biodegradables (y sin metales tóxicos), reciclables, de bajo consumo, resistentes y con escaso embalaje. El último grito en “ecología móvil” es el teléfono creado por Bic, la famosa marca de bolígrafos. Pero, ¿dónde están los numerosos terminales verdes que existen en el mercado? Los mismos fabricantes apenas los promueven. Y menos aún los operadores telefónicos, más interesados, según la OCU, "en fidelizar a los clientes con móviles bonitos y sofisticados. Tampoco los legisladores parecen demasiado preoculados". Y los usuarios, por desconocimiento, tampoco los demandan.

Cambiamos muy rápido de móvil. Para fabricar 100 gramos de móvil hay que utilizar más de 30 kilos de materiales: minerales que hay que refinar, hidrocarburos para fabricar las partes plásticas y para el transporte, agua para procesar los componentes, etc.

Y todo eso para un aparato cuya vida es cada vez menor. Pero un móvil puede durar bastante más de los 18 meses que tardamos en cambiarlo por otro. Cada año, sólo en España, consumimos 21 millones de móviles nuevos.

La legislación aún permite sustancias tóxicas
En cuanto a los fabricantes, y a los materiales utilizados, existen datos reveladores. Muchos emplean materiales nocivos para el medio ambiente, algunos expresamente restringidos por la ley, como el plomo o el mercurio, y otros directamente no regulados, como el arsénico o el benceno.

La normativa europea permite un uso restringido de metales tóxicos. Es verdad que las cantidades permitidas son mínimas y que ningún móvil las sobrepasa, pero no es menos cierto que no son imprescindibles. Ente los metales no restrinidos por la ley encontramos antimonio y níquel.

Si hay una circunstancia "especialmente criticable" para la OCU es la dificultad para desmontar completamente un móvil. Un factor que impide la correcta separación y reciclabilidad de cada elemento (plásticos, metales, componentes eléctricos, etc.), y que se produce sobretodo en los modelos deslizantes, los más sofisticados.

Desde la OCU proponen cuatro claves para adoptar una conciencia “verde” también en cuanto al teléfono que siempre llevamos encima. En primer lugar, aconsejan aguantar con un terminal hasta que se estropee, ya que un móvil nuevo supone “un nuevo impacto ambiental”. Y si decide cambiar porque ya no le gusta el que tiene, existe una alternativa a tirarlo: donar el terminal.

En segundo lugar, resulta muy importante recordar que el destino de un móvil estropeado o abandonado es un punto limpio, nunca en la basura. También puede dejarlo en la tienda donde recoja el sustituto, ya que están obligado a recibirlo.

En tercer lugar, es conveniente que su nuevo terminal sea respetuoso con el medio ambiente. ¿Cómo conseguir uno de este tipo? Preguntando directamente en la tienda por un móvil ecológico, que excluya materiales nocivos y que sea de bajo consumo.

Por último, se debe ahorrar en el consumo de energía. Para ello, basta con cargarlo el tiempo necesario (entre 90 y 170 minutos), desconectar el UMTS si no se va a utilizar Internet y apagarlo de noche.

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