Vicente Ferrer ha fallecido en un hospital de la India a los 89 años de edad

Desde el mes de marzo se encontraba en estado crítico tras sufrir una embolia

Vicente Ferrer ha fallecido en Anantapur, en la India, el lugar al que llegó hace más de cincuenta años y que nunca quiso abandonar. La portavoz de la Fundación Ferrer en la India, Blanca Romañá, ha declarado para la agencia Efe, que el cooperante español ha fallecido debido a una parada cardiorespiratoria y que en el m omento de su muerte estaba tranquilo y rodeado de su familia. También ha hecho sus primeras declaraciones para Efe, el ministro del gobierno español en la embajada de la India quien ha resaltado que “los españoles en la India y en general, nos quedamos huérfanos”.

El entierro y fuenral se celebrarán este lunes en Bathalapalli, en la India y así mismo se abrirá una capilla ardiente al estilo indio.

Aterrizó por primera vez en Mumbay, donde la Compañía de Jesús había destinado al recién ordenado sacerdote para finalizar su formación humanitaria dentro de la compañía.

Antes de entrar a formar parte de la Compañía de Jesús, Vicente Ferrer vivió una vida de lo más peculiar. Barcelona vio nacer a Ferrer en la primavera de 1920. Durante el verano de 1936, Ferrer, con tan sólo 16 años de edad, fue llamado a filas para luchar en el bando de los republicanos en la Guerra Civil española. Estuvo presente, entre otras campañas, en la batalla del Ebro en 1938.

Tras la derrota de los republicanos en la guerra en 1939, Vicente partió hacia Francia con una gran parte del ejército vencido y fue capturado e internado en el campo de concentración de Argelés-sur-Mer. Posteriormente le trasladaron a España y pasó el resto del año 1939 internado en el campo de Betanzos.

Posteriormente y tras finalizar el servicio militar obligatorio, Ferrer comenzó los estudios de derecho que pronto abandonó para entrar a formar parte de la Compañía de Jesús. En 1952 fue enviado por la Compañía a Mumbay para completar su formación espiritual. Desde el primer momento, Ferrer ayudó de manera excepcional a todo el mundo que tenía alrededor. Era un hombre sencillo, humilde y sobretodo, bueno.

Después de permanecer 16 años ayudando a los más pobres de Mumbay, las autoridades indias comenzaron a sentir cierto recelo por las prácticas que algunas instituciones humanitarias estaban realizando en la India. Más polémica generó entre los dirigentes de la Compañía de Jesús su manera de tratar a la gente y los métodos que tenía para ayudar, lo daba simplemente todo. Vicente Ferrer fue expulsado en 1968 por los jesuitas. Una de las reacciones más sorprendentes que se vivieron los días previos a su expulsión fue sin duda, la enorme manifestación formada por más de treinta mil campesinos, políticos, intelectuales y líderes religiosos que realizaron una marcha de protesta de más de 250 kilómetros de recorrido.

El año siguiente a su salida de la India, la primera ministra india, Indira Ghandi inmortalizó la frase de “¿Por qué no está todavía aquí?”, preguntando a los amigos del misionero, y ese mismo año, Vicente abandonó la Compañía de Jesús para poder volver a la India a ayudar a los demás.

Después de abandonar la Compañía de Jesús, Ferrer encontró en la británica Anna Perry, su máximo apoyo y juntos decidieron abrir la Fundación Vicente Ferrer. Tras cierto tiempo de trabajo en común, ambos contrajeron matrimonio y posteriormente tuvieron tres hijos. Nunca más se marcharon del barrio indio de Andrha Pradesh, unos de los distritos más pobres de la India.

Hasta la fecha, la fundación de Vicente y Anna Ferrer ha podido ayudar de forma directa a más de dos millones y medio de personas, han levantado cinco hospitales y gestionan también cientos de escuelas para alfabetizar a los niños, comedores y ayudó a miles de campesinos sacando adelante programas de financiación y de construcción de pozos de agua para los agricultores.

Una vida entregada por y para los demás que dejará ahora un enorme vació entre los miles y miles de personas que en alguna ocasión fueron agraciados, cuando un hombre muy sencillo, bajito y humilde, se cruzó en sus vidas para cambiarlas.

Hoy en Anantapur están de luto, pero también lo están en toda la India, en su Barcelona natal y en el resto de España. Cuando se muere un hombre bueno, cuesta más seguir adelante aunque quizás, ese mismo ejemplo que Vicente intentó inculcar en todos los que trabajaban junto a él sirva para mantener viva su manera de ayudar a los demás.

El pasado mes de enero, la vicepresidenta primera del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega le entregó la medalla al mérito civil por su labor en la India. Galardón que se suma a tantos otros que recibió en vida Vicente, como el premio Príncipe de Asturias a la Concordia que recibió en 1998.

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