La Nobel de la Paz Suu Kyi ingresa en una cárcel birmana a la espera de un nuevo juicio

La líder opositora al régimen birmano está acusada de acoger a un estadounidense en su casa y se enfrenta a una pena de 7 años de cárcel

La líder de la oposición birmana y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi ha ingresado hoy en la prisión de Insein, en Rangún. Se le acusa de violar los términos de su arresto domiciliario; un arresto que dura ya seis años y que ha convertido su casa en un fuerte del que apenas nadie puede entrar ni salir. El próximo día 27 expira el plazo máximo de detención de la disidente, por lo que estos nuevos cargos que se la imputan parecen indicar que su condena se prolongará.

Para el pueblo de Birmania, esta valiente mujer de 63 años representa la esperanza de que la dictadura militar que gobierna al país llegue a su fin algún día. Suu Kyi es la imagen de la defensa pacífica de las libertades y la democracia en su país, una lucha que le ha valido el premio Nobel de la Paz pero por la que también ha pasado 11 años de los últimos 18 bajo arresto.

Suu Kyi se encuentra ahora mismo en prisión, a la espera de que el lunes comience el juicio que decidirá su futuro. Junto a ella, se encuentran las dos mujeres que han cuidado de ella durante los últimos seis años, un período que ha pasado prácticamente aislada del mundo real, ya que tiene prohibida cualquier visita, a excepción de un médico y de miembros de la Junta Militar. Ahora, la situación de Suu Kyi es más complicada, puesto que se le acusa de haber acogido en su casa a un ciudadano estadounidense.

La visita de un estadounidense, un delito
La semana pasada las fuerzas de seguridad que custodian la casa de Suu Kyi detuvieron a un hombre nadando en el lago que rodea la vivienda. Se trataba de John Yettaw, un estadounidense que confesó haber pasado dos días con Suu Kyi, hecho que violaría las condiciones de su arresto domiciliario. Aunque se desconocen los motivos de su reunión, el abogado de la activista, Kyi Win, confiró que el americano intentó reunirse con ella el año pasado y, al no lograrlo, lo volvió a intentar la semana pasada. Sin embargo, Suu Kyi le pidió que se marchara pero finalmente le dejó pasar la noche en la planta baja, ya que él “estaba muy cansado”.

La buena noticia es que la pacifista parece haber recobrado la salud, ya que según su abogado, "Está bien, tiene un espíritu muy fuerte". Últimamente la opositora acusaba problemas de tensión y deshidratación.

Una vida dedicada a su lucha por la democracia
Los ideales de Suu Kyi son muy nobles, pero defenderlos le ha costado más de un sacrificio. Probablemente el más duro fue no acudir junto a su marido enfermo en el Reino Unido, en sus últimos días de vida. Si lo hacía, corría el riesgo de no poder regresar a su país.

Y es que la vida de Suu Kyi ha sido todo menos común. Su padre, el general birmano Aung San, fue asesinado en 1947, seis meses antes de la independencia del país, causa a la que había dedicado todos sus esfuerzos. Poco después, su madre, Daw Khin Kyi, fue nombrada embajadora en Nueva Delhi, y ella viajó a la Universidad de Oxford, para estudiar filosofía, ciencias políticas y economía. Allí fue donde conoció a su marido, Michael Aris, y allí crió a sus dos hijos.

Símbolo de las libertades
De vuelta a Birmania, en 1988, el país se encontraba en un período de grave inestabilidad política y Suu Kyi se convirtió en el símbolo que hoy sigue siendo. Al igual que lo hicieran Marthin Luther King o Ghandi, promovió la revuelta activa y pacífica por la democracia. Se consagró líder del partido Liga Nacional para la Democracia, que consiguió llevar hasta las elecciones, pero a pesar de la victoria electoral, el régimen birmano no reconoció los resultados. Estos esfuerzos le valieron el Premio Nobel de la Paz en 1991 y se consagró definitivamente como "un ejemplo extraordinario del poder de los que no tienen poder". Si finalmente se le imputan los nuevos cargos de los que se le acusa, no podría concursar a las próximas elecciones generales, en 2010.

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